Grupo de amigos brindando con vino en un bar de Logroño

Las mejores sidrerías y bares de vino en Logroño

Las mejores sidrerías y bares de vino en Logroño para ir con amigos o en grupo: desde menús de sidrería con chuletón hasta enotecas de autor, pasando por bodegas urbanas con cata y bares con carta vinícola de nivel.

Tabla de contenidos

Logroño es conocida por sus pinchos y por la calle Laurel, pero hay un nivel más allá del tapeo clásico que muchos visitantes no llegan a descubrir. La ciudad tiene una oferta de sidrerías con menú de chuletón, enotecas con carta de vinos de nivel internacional, bodegas urbanas donde catar directamente del productor y bares especializados donde el vino de Rioja se sirve con el respeto y el conocimiento que merece.

Para grupos, estas opciones funcionan especialmente bien porque ofrecen algo que los bares de pinchos no pueden: sentarse juntos, compartir una experiencia gastronómica completa y dedicar tiempo a disfrutar de lo que se bebe, no solo de lo que se come.

Sidrerías en Logroño: el menú vasco con acento riojano

La cultura de la sidrería vasca ha llegado a Logroño con fuerza. El formato es conocido: menú cerrado a precio fijo que incluye tortilla de bacalao, bacalao con pimientos, chuletón a la brasa, queso con membrillo y nueces, y sidra natural para acompañar. Es una fórmula que funciona de maravilla para grupos porque todo el mundo come lo mismo, la cuenta está clara desde el principio y el ambiente de mesa corrida invita a la conversación.

Lo interesante de las sidrerías logroñesas es que muchas han adaptado el concepto vasco al producto riojano. Las chuletillas al sarmiento aparecen como alternativa al chuletón, las verduras de la huerta riojana sustituyen a la ensalada estándar y el vino de Rioja comparte mesa con la sidra natural. Es un mestizaje gastronómico que tiene mucho sentido dada la cercanía geográfica entre ambas culturas.

Qué esperar de un menú de sidrería en Logroño. El precio suele moverse entre 30 y 45 euros por persona, dependiendo de la calidad del chuletón y de si incluye bebida. Los menús son abundantes (hay que ir con hambre) y la duración media de la comida o cena ronda las dos horas. Para grupos de más de 8 personas, la reserva es imprescindible, sobre todo los fines de semana.

El formato txotx. Algunas sidrerías ofrecen el ritual del txotx (levantarse a servirse la sidra directamente de la kupela) como parte de la experiencia. Es un momento divertido y participativo que funciona muy bien con grupos porque rompe la rigidez de estar sentado y genera interacción entre los comensales.

Bares de vino con carácter propio en Logroño

Estás en la capital de Rioja. Parece obvio que los bares de vino deberían ser excepcionales, y muchos lo son. Lo que diferencia a los buenos bares de vino de Logroño del bar estándar que sirve un crianza de marca blanca es la carta, el conocimiento del personal y la intención de hacer que el vino sea el protagonista y no un acompañamiento.

Wine Fandango. Instalado en un palacete de la calle Vara del Rey, cerca del Espolón, Wine Fandango ha conseguido algo difícil: convertir un bar de vinos en un espacio donde caben gastronomía de producto, sesiones de DJ, catas y eventos culturales. Su carta de vinos es extensa y bien curada, con referencias de Rioja y de otras denominaciones que no encontrarás en cualquier bar. Para grupos funciona especialmente bien porque tiene espacio, terraza y un ambiente que no es ni demasiado formal ni demasiado informal.

El Muelle de Carga. Ubicado en el edificio histórico de las Bodegas Franco-Españolas, junto al río Ebro, este espacio aprovecha la arquitectura bodeguera para crear un entorno singular donde tomar vino cobra otro significado. Las vistas al río, el edificio de piedra y ladrillo y la selección de vinos hacen de El Muelle de Carga una parada obligatoria para cualquier grupo que quiera ir más allá de la Laurel.

El Lagar. Un clásico de Logroño que cerró durante un tiempo y reabrió con fuerza. Su carta recoge unas 250 referencias con amplia representación de vinos regionales, tanto de bodegas clásicas como de pequeños viticultores que están empezando a ganar nombre. La cocina combina tradición con toques de modernidad y los jueves de invierno tienen un cocido con vino incluido que se ha convertido en cita fija para muchos logroñeses.

Bodegas urbanas: catar donde se elabora el vino

Logroño tiene algo que muy pocas capitales de provincia pueden ofrecer: bodegas dentro del casco urbano donde puedes ver cómo se elabora el vino y catarlo en el mismo sitio.

Arizcuren. Es la primera bodega urbana de Rioja, situada en pleno centro de Logroño. Javier Arizcuren elabora vinos de autor en un espacio pequeño e íntimo donde se puede seguir todo el proceso, desde la llegada de la uva hasta el lacrado a mano de cada botella. La cata se realiza en un calado del siglo XVI acompañada de un aperitivo con productos locales. Sus vinos están en cartas de restaurantes con estrella Michelin de todo el mundo, y probarlos donde se hacen es una experiencia que no se puede replicar en ningún bar.

Franco-Españolas. A cinco minutos andando del centro, esta bodega centenaria ofrece visitas con cata que incluyen el recorrido por galerías subterráneas del siglo XIX. Para grupos es una opción muy cómoda porque no requiere coche y se puede combinar fácilmente con una comida o una ruta de pinchos después.

Calado de San Gregorio. En la calle Ruavieja, uno de los calados históricos de Logroño está abierto al público de forma gratuita. No es una bodega en activo, pero recorrer este espacio subterráneo donde se almacenaba vino hace siglos da contexto a todo lo que después bebas en la ciudad. Para grupos curiosos, es una parada de 20 minutos que complementa cualquier ruta vinícola.

La calle Laurel y San Juan: vino entre pinchos

No se puede hablar de bares de vino en Logroño sin mencionar lo obvio: la calle Laurel y sus alrededores son el epicentro del vino en la ciudad. Pero no todos los bares de la Laurel son iguales a la hora de elegir lo que se bebe.

La mayoría de bares de la Laurel sirven vino joven de Rioja como acompañamiento al pincho, y es perfecto para el formato rápido de “un pincho y un vino” en cada bar. Sin embargo, hay algunos establecimientos en la zona que han elevado su carta de vinos por encima de la media.

Bar Donosti. Reconocido por Forbes como uno de los mejores bares de tapas de España, el Donosti ofrece una carta de pinchos de autor (foie a la plancha con confitura de pétalos de violeta, huevo trufado con boletus) que pide a gritos un vino a la altura. Su carta vinícola incluye referencias que van más allá del tinto joven estándar.

La Tavina. Conocida por su crujiente de careta, La Tavina tiene también una selección de vinos interesante y un personal que sabe recomendar.

Tondeluna. En el Paseo del Espolón, el restaurante de la familia Paniego (con raíces en el multipremiado Echaurren de Ezcaray) ofrece mesas largas y corridas perfectas para grupos, cocina para compartir y una carta de vinos que refleja décadas de conocimiento vinícola familiar.

Cómo montar una ruta de sidrerías y bares de vino con un grupo

Elegid un formato, no intentéis hacer todo. Una comida de sidrería con chuletón es un plan completo que dura dos horas y deja al grupo satisfecho. Intentar después una ruta de bares de vino es excesivo. Lo que funciona es elegir sidrería para comer y bares de vino para el tardeo o la noche, o al revés.

Reservad siempre para las sidrerías. El menú cerrado requiere confirmación de número de personas y la mayoría de sidrerías trabajan con reserva obligatoria para grupos. Con dos semanas de antelación es suficiente, excepto en temporada alta (primavera y otoño).

Pedid recomendación al personal. En los buenos bares de vino de Logroño, el personal conoce la carta y puede orientaros según vuestros gustos. No os conforméis con pedir “un Rioja”: preguntad por crianzas de pequeños productores, por blancos de variedades autóctonas o por vinos de parcela. Es donde está lo interesante.

Combinad bodega urbana y bares. Una visita a Arizcuren o Franco-Españolas por la mañana seguida de una comida de sidrería y un tardeo en Wine Fandango o El Muelle de Carga es un plan de día completo centrado en el vino que funciona para cualquier tipo de grupo.

No conduzcáis. Si el plan incluye cata, sidrería y bares de vino, nadie debería coger el coche. Logroño es lo suficientemente compacta como para hacer todo andando, y si el alojamiento está fuera de la ciudad, resolved el transporte de vuelta antes de empezar.

Logroño para los que van más allá del pincho

La calle Laurel es imprescindible, pero Logroño tiene capas gastronómicas y vinícolas que solo se descubren cuando te sales de la ruta turística estándar. Las sidrerías, las enotecas de autor y las bodegas urbanas son esa segunda capa que convierte una visita gastronómica en una experiencia que se recuerda.

Si estáis organizando un plan de grupo en Logroño y queréis incluir una experiencia vinícola o gastronómica de nivel, hay opciones que os montan un recorrido a medida combinando catas, comidas y locales seleccionados para que el grupo disfrute sin preocuparse de la logística.

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